El Voto de Castidad, que no es un voto de desamor, sino un radicalismo en el amor. Es la entrega de todo nuestro ser a Dios y nos libera para servir a las personas y dedicarnos al Reino. El voto de castidad ensancha el corazón en la medida del amor de Cristo y no hace capaces de amar como Él amó.

   

Con nuestro Voto de Pobreza afirmamos que sólo Dios basta, Él es el único Señor, y no podemos permitir que las cosas o el dinero funcionen como "dioses" en nuestra vida. La praxis de la pobreza nos asemeja a las demás personas que vivien de su tabajo, nos libera de la esclavitud de tener al que nos conduce la sociedad y nos hace descubrir que Cristo es el único tesoro pro el que vale la pena vivir.

 

 

Por medio de la Obediencia nos ponermos al servicio del proyecto del Padre, designio del amor total a la persona, que comienza por la marginada y desvalida y se extiende a toda la humanidad. Obedecer a Dios es amarlo, amando a los hombre y mujeres de nuestro tiempo hasta dar la vida por ellos, como lo hizo Jesús.